domingo, 29 de septiembre de 2013

Racismo manifiesto o solapado?

El racismo es una mezcla de ideas  y sentimientos de superioridad que todavía perviven en muchas personas de los pueblos europeos, de Estados Unidos, Canadá, Medio Oriente, Africa, América Latina, República Dominicana y que va en detrimento de personas de otras culturas.  Casi nadie admite que es racista, quizá porque en nuestra cultura occidental esta ideología atenta contra todos los valores de las constituciones modernas: igualdad, libertad, fraternidad. De manera que el racismo a todas luces es un atraso. Pero no por ser un  “ismo” pasado de moda se ha salido de nuestras almas, más bien lo tenemos tan guardado que le ha faltado oxígeno y se ha enquistado.
En diferentes estratos de la piel, a diferentes niveles de la conciencia, en diferentes expresiones verbales y conductuales,  el racismo se nos manifiesta. Los motivos existen: ancestrales, irracionales, ridículos, pero existen.
Los conquistadores y sus descendientes  discriminaron por su color a otros seres humanos. Ellos  “cazaron”  hombres y mujeres  de diferentes tribus de las costas africanas y los importaron a América para el corte de la caña, sin compasión de sus sentimientos y sus almas, mucho menos de  sus cuerpos. El poderío de los europeos de ese tiempo se manifestó en un blancocentrismo. Si  ellos hubieran sido negros, la desteñida raza blanca hubiera sido entonces la víctima de su voracidad.
Hay muchos entre nosotros que todavía no aceptan que el género humano, tal y como lo conocemos hoy, proviene del continente africano y no del paraíso de la Mesopotamia entre el Tigris y el Eufrates. Somos una misma raza universal en peregrinación por el mundo entero que al disgregarse tomó colores y expresiones culturales diversas. Fernando Savater  exhorta a los educadores diciendo: “cultivemos la floresta, disfrutemos de sus fragancias y de sus múltiples sabores, pero no olvidemos la semejanza esencial que une por la raíz el sentido común de tanta pluralidad de formas y matices…solo volviendo a la raíz que nos emparienta podremos los seres humanos ser huéspedes los unos para los otros ”.  
 El racismo nuestro está muy sectorizado. Lo hay de niveles diferentes dependiendo de si el color va mezclado o no con otras condiciones desventajosas como la pobreza o la nacionalidad. Usted no ha visto en este país a alguien que sea racista contra un afgano, albano, vietnamita,  guaraní o visigodo! Quizá contra éstos haya expresiones culturales que asombren, pero enseguida se les buscará una explicación que traerá comprensión y sosiego.
 Veamos algunos matices: si una persona de color negro es pobre la condición de prejuicio social se acentúa. Si el pobre es albano concita un poco más de acogida. Si la persona negra es rica y  “educada” entonces será más aceptada su negritud. Si es un negro  de Zambia con un turbante será tratado como un ser exótico, pero si es del  país vecino con un trapo rojo en la cabeza podría ser considerado brujo.
Por otra parte hay grados de racismo todos ellos negados. Desde los nacionalistas patriotas furibundos que lo cubren de razones políticas, pasando por los buenos cristianos que se escudan en razones religiosas, siguiendo por el ciudadano común que se siente molesto por la amenaza de la “invasión  pacífica”. Todos ellos combinan en diferentes proporciones el tema de lo racial con la nacionalidad.
 Pero también hay  los racistas (los mismos) que con su pensamiento, actitudes y  conducta segregan a los propios nacionales dominicanos en razón de su color. Siguen pensando, igual que en el siglo XV, que la raza blanca es superior y lo reflejan en sus expresiones y sus chistes. Todavía oímos expresiones tales “mejorar la raza” tanto en blancos, como en mulatos y negros; “buen vientre” tienen las mujeres que paren niños “bonitos”; “el negro detrás de la oreja”,  “un negro de alma blanca”, “él es prieto pero es buena persona” son otras expresiones comunes.  Todavía el indio es un color salvador, y la nariz perfilada puede dar esperanza de que se es un negro “fino”. Pero no le preguntes a nadie si es racista porque te dirá:  “Yoooo???,  pero si yo trato muy bien a todos los prietos, a mi casa visita todo el mundo y yo tengo amigos de toda clase. Bueno, y si tu hijo o tu hija se casa con un negro o una negra??? Ahhhh bueno!!! Ya eso es otra cosa…”
Mientras no admitamos nuestro grado de racismo vamos a estar asumiéndolo  como natural. Savater insiste a los educadores: “enseñar a traicionar racionalmente en nombre de nuestra única verdadera pertenencia esencial, la humana, a lo que de excluyente, cerrado y maniático haya en nuestras afiliaciones accidentales…” Nadie  puede acusar a nadie de racista, sin embargo seamos más autocríticos para descubrirlo en la punta de la lengua o del pensamiento. Hagamos un análisis de esta absurda ideología que deja de lado la historia y la ciencia, y que sobre todo, nos clava un puñal en el mismo corazón de nuestra conformación racial, cultural y por tanto en nuestra autoestima.     


domingo, 22 de septiembre de 2013

La vida no es otra cosa que...la vida


Los eventos dolorosos nos entristecen y en el marco de la tristeza pensamos que la vida es una tragedia. Ciertamente existen momentos de profundo dolor  que  llevan a pensar  que jamás se volverá a tener alegría. Sin embargo, el alma tiene la capacidad de renacer ante un nuevo acontecimiento esperanzador. Así es  la auténtica vida.

Vivimos pasajes diversos, algunos construidos por  nosotros mismos y otros que  nos toman de sorpresa.  Algunos de ellos envuelven toda la geografía personal, otros impactan solamente una región. En cualquier caso son pasajeros,  pero dejan huellas en nuestra forma de mirar la realidad y de relacionarnos con la gente. Hermann Hesse describe así la espiral de inicios y adioses: “En cada llamada de la vida debe el corazón estar dispuesto a la despedida y a nuevos comienzos, para entregarse con valor y sin duelos a distintos y nuevos compromisos. Y en cada comienzo alienta un encanto que nos protege y nos ayuda a vivir”.  

La vida a veces procede de forma misteriosa. Su devenir  y sus convergencias con otras vidas sólo pueden constatarse  en el presente y en retrospectiva.  Por qué ocurrieron ciertos acontecimientos,  o si se pudo  evitar la ocurrencia de algunos, queda en pura especulación.  
Quedamos sorprendidos con las distintas reacciones de las personas ante  situaciones similares. Hoy día se habla de la “resiliencia”, que es la habilidad de algunas personas para surgir de la adversidad y poder convertirse en sanas y productivas. Sin duda contribuyen a este salto,  la calidad de  seres humanos significativos que rodean a esas personas que han vivido situaciones  difíciles al límite.
La vida con sus reveses y azares nos  lleva de un lado a otro en sus tres conocidas dimensiones: salud, dinero y amor. El dinero que muchas veces es lo primero que se desea  resulta ser la menos importante de las tres. Con el dinero  resolvemos  muchas cosas pero no podemos comprar el amor de verdad. La salud que tanto cuesta a veces  no siempre se deja comprar. En definitiva lo que nos disgusta de la vida es que no podemos manipularla a nuestro antojo. Solo nos resta vivirla como es. José Luis Sampedro en su ancianidad expresó: “El tiempo no es oro, el tiempo es vida”. Cuando morimos se acaba nuestro tiempo en la tierra. Por eso es que hay que saber en qué se invierte el tiempo porque determina  en qué inviertes tu vida. 
 Hay una vida que se puede calificar de desgraciada según el filósofo Séneca y yo diría de trágica; es la vida de aquellos que no viven su propia vida: “duermen cuando duermen los demás, caminan al paso que les marcan los otros; comen cuando ven que sus vecinos tiene apetito; en el amor y el odio, los más libres de todos los sentimientos, se ven forzados a obedecer. Si éstos quisieran saber cuán corta es su propia vida, que piensen de toda ella qué parte haya podido ser verdaderamente suya”.


Nuestra vida es la oportunidad de ser en este plano y  es lo único que tenemos: nuestra vida propia con otros, pero no de los otros. Cómo termina no determina su calidad. Cómo se vive en el día a día la dignifica. Lo que importa es:  las múltiples escaleras que suben y bajan, las experiencias que  se van  acumulando y las espirales que permiten ensanchar la mirada. Pero todo esto no es suficiente para entender la vida  ni mucho menos para controlarla.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Amigas de paseo


Las mujeres somos seres complejos y multifacéticos y como tales requerimos de diversos espacios y actividades. Ser madres, esposas, hijas, abuelas,  hermanas, son algunos de los roles que llevamos a cabo con ilusión y responsabilidad. También trabajamos profesionalmente, actividad ésta que nos proyecta y extiende a la comunidad. Somos además, amigas, y  éste es uno de los roles que  rescata de forma más fidedigna nuestro auténtico yo.

Cuando un grupo de mujeres tenemos la suerte de ir de paseo juntas, sin acompañantes masculinos, comentamos entre nosotras la calidad de los maridos que tenemos  y lo agraciadas que somos  de poder pasear sin ellos y  con su  beneplácito. Detrás de este comentario viene otro: ¡cómo fuera  posible estar casadas con hombres que objetaran estas necesarias salidas! como le ocurre a otras amigas nuestras.

Cuando las  mujeres estamos con nuestras amigas nos despojamos de todos los roles que nos condicionan. Volvemos a un  estado  natural  después de todos los años y situaciones que les han dado a nuestra vida múltiples manos de pintura. Con la sabiduría que tenemos, propia de la edad que nos engalana, hacemos una vivencia retrospectiva  de nuestra adolescencia, nos regocijamos,  pero sin las ansiedades correspondientes  al  “me quiere, no me quiere”, “me queda bien,  no me queda bien” o  “mis padres me tienen harta”.

Aunque las conversaciones de estas edades giran en torno a vitaminas, hobbies, nietos en algunos casos, y a un poco de colesterol,  el sentir general es una aceptación de la vida y de la gente y sobre todo de una misma. Es verdad que algunas conversaciones son  en torno al pasado, pero no con la nostalgia del que desea regresar,  sino con la intención de subrayar los episodios que le han dado consistencia a  nuestra existencia y de los cuales no nos arrepentimos.

 Las mujeres amigas hablamos mientras leemos una revista, hablamos mientras bordamos, hablamos mientras nos sacamos las cejas, hablamos mientras cocinamos o arreglamos la mesa, hablamos mientras nos ponemos una crema en las manos, hablamos mientras hablamos por el teléfono celular.

Con nuestras amigas de frente, las mujeres nos  miramos como en un espejo. De ellas  aprendemos continuamente a ver lo que nosotras mismas reflejamos y a veces no nos damos cuenta o no tenemos la valentía de enfrentar. Las mujeres entramos en una sintonía donde nunca  falta la risa, ni tampoco las lágrimas. Nos  reímos de nosotras mismas y también de las otras. Lloramos por nuestras penas  y también por las de las otras.


Las mujeres amigas nos arreglamos  fácilmente para detenernos continuamente por el camino. Con complicidad hacemos consenso con rapidez  a la hora de comer, de comprar, de ver una película. De vez en cuando suenan los celulares o se hacen llamadas a  las parejas  para reportar el estado del tiempo que es preocupación típica del género masculino. Durante el trayecto de vuelta siempre se le compran algunos antojos a los esposos, en parte porque han sido extrañados y quizá también porque en el fondo  agradecemos la oportunidad que el lastre de la tradición le niega a tantas otras mujeres.   

sábado, 7 de septiembre de 2013

Sensaciones, impresiones, evocaciones

A través de los sentidos viajan sensaciones que se acuñan  como impresiones en nuestro ser. Por suerte estamos en continua renovación  y  a través de los mismos sentidos y del intelecto, esas impresiones se transforman, de manera voluntaria o involuntaria.

Las impresiones provienen de eventos, circunstancias, experiencias agradables o desagradables que a su vez están vinculadas al sentido o a la combinación de sentidos a través de los cuales entraron a nuestra conciencia. Así, el olor y  la frescura de una madrugada de diciembre me evocan las mañanitas de mi pueblo y el encuentro jubiloso con gente querida. A su vez esta impresión me trae el aroma del té de jengibre que a su vez refuerza la otra impresión. Desde aquí se dispara el “ábreme la puerta que estoy en la calle…” y  los brazos abiertos con  sonrisa ancha de los anfitriones.

El perfume de las azucenas por su parte me produce una sutil alegría espiritual, propia de aquellos meses de mayo y  “ con flores a María que madre nuestra es”. Posteriormente mi mamá me contó que este aroma le traía recuerdos del funeral de su papá trágicamente muerto. Otros eventos en el caso de mi madre y las azucenas, se superpusieron sobre ése y le trocaron la nostalgia en  alegría,  ya que esas flores adornaban las celebraciones de primeras comuniones de sus hijos y nietos. Por  efecto de la empatía, cuando pongo azucenas en mi casa no solo recuerdo el mes de mayo, sino también a mi mamá y su sentimiento de serena nostalgia y al abuelo que no conocí.

Los mismos eventos, las mismas circunstancias u objetos pueden  provocar  sensaciones diversas en diferentes actores según su experiencia previa y las asociaciones que se susciten. Es difícil que un extranjero disfrute un mangú  de la misma manera que lo hacemos la mayoría de los dominicanos de cierta edad. Los plátanos que hierven en un fogón y el olor que se desprende de la leña o el carbón; los efluvios de las cebollas y el chasquido de los huevos al freírse en aceite bien caliente  nos rememora una cena  familiar salpicada de cuentos, risas,  sabores y amores.

No creo que el mangú por sí mismo le diga lo mismo a un turista, mucho menos si es servido en uno de esos bandejones  sin gracia de los resorts. Estoy segura que a ellos no les evoca nada, solo es un  puré cualquiera. Y es que el mangú  es un sabor cultural, sabe rico porque está asociado con rituales entrañables, donde participaron hermanos, tíos, abuelos, padres y otros seres muy queridos que nos rodearon de cariño y atenciones personalizadas.


Recuerdo de pequeña estar de visita en un campo aledaño a mi pueblo cuando por primera vez me percaté de verdad de que la miel de abejas era producida  por esos insectos  que veía juguetear con las flores. Allí me brindaron un panal de abejas con la miel chorreando (todavía se me hace la boca agua). Poder degustar un dulce natural que no hubiera sido cocinado era como un milagro. Mastiqué el panal hasta que se hizo como un chiclet. Este alimento lo asocio con aventura, sorpresa y con la generosidad de la naturaleza.

La música por ejemplo es una gran evocadora de sentimientos y una gran gatilladora de nuevas asociaciones e impresiones. Por ejemplo volver a escuchar “Imagine” de Lennon, me devuelve a tiempos de ideales compartidos. Si estuvieras  oyendo  una  hermosa canción en el momento que te vienen a buscar para darte una muy mala noticia, esa canción se trocará en ave de mal agüero y comenzará a ser asociada con tragedia. Por el contrario, cualquier vulgar  reguetón  podría sonar exquisito si es escuchado en el contexto de  una experiencia inspiradora
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En nuestro proceso de aprendizaje que dura toda la vida, incorporamos nuevos elementos a nuestra conciencia y reeditamos las impresiones: las corregimos, las enriquecemos, las transformamos… El aprendizaje significativo es una experiencia compleja que además de cognoscitiva  también es afectiva, sensorial y espiritual. Cada momento que vivimos recrea en  alguna medida una experiencia anterior que a veces es positiva y agradable y otras veces no. Interesante sería observar y examinar  la experiencia  previa, aquella que pudiera estar impidiendo que la experiencia actual sea fuente de gozo o de sentido, ventilarla  y sacarla a la luz, de forma tal que pueda dar paso a la nueva experiencia con su consecuente nueva impresión.



 

sábado, 31 de agosto de 2013

La diversidad propia



La cultura griega se percató de los muchos  seres que nos habitan a lo largo de nuestra vida.  Su politeísmo fue  una reflexión sobre el ser humano y sus diversas dimensiones.  En su  religión antropomorfista,  diosas y dioses interactuaban desde la única dimensión que les era posible. Así Demeter por ejemplo, se comportó casi todo del tiempo como madre protectora y Apolo fue casi siempre el bello amante enamorado.
Los seres humanos, sin embargo independientemente de su individualidad, pueden expresarse de muchas formas y seguir siendo sí mismos. Pueden equivocarse, contradecirse, adoptar diversas perspectivas, actuar  de forma diferente y conservar su propia identidad. Tal como decía Walt Whitman: “¿Que yo me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y qué?   Yo soy inmenso y contengo multitudes”.
Por temor a parecer  incoherentes,  hombres y  mujeres han encerrado facetas de su ser y consecuentemente han  puesto  límites injustos a los sueños y  a su desarrollo como seres humanos. La rigidez de los roles que ocupan  los han quebrado y enfermado. Han quedado atrapados en una posición que estaba supuesta a ser pasajera, o que es cultural, circunstancial, no esencial.
Por un miedo ancestral y un falso orgullo como disfraz, todavía muchos nos resistimos a cuestionar los limitados roles en que estamos encarcelados. Somos una/o y varios a la vez, pero todo el tiempo no podemos ser tantos a la vez. Por suerte pasamos por diversas estaciones, y cada una va requiriendo  facetas diferentes de nuestro ser. A veces pienso que  quizá también por eso buscamos la compañía cómplice que sintonice con ese otro que momentáneamente descansa dormido.
Conozco  mujeres que cual  Afrodita se ocupan de su atractivo físico, a la vez que ejercen con devoción su maternidad y se ejercitan en asuntos públicos cual Atenea.  Como si eso fuera poco defienden su relación de pareja como lo hizo Era,  luchan por  reivindicaciones sociales como Artemisa y  procuran la calidez de su hogar como la diosa Hestia. Y además, qué bueno de vez en cuando, soltarse el cabello como Perséfone, y caminar libremente con espontaneidad, donde te lleve el aire.
De esta misma manera a las mujeres  se nos hacen más atractivos los hombres diversos, aquellos que expresan libremente sus afectos, que no temen a que les digan que los tienen dominados. Nos gustan los hombres que son cuidadosos, cariñosos y tiernos con sus hijos e hijas;  que van a gusto a las reuniones de la escuela; que no tienen miedo a parecer débiles, porque son fuertes interiormente. Disfrutamos con compañeros que se comunican con elocuencia; que se entregan a  su trabajo pero que además  comparten la cocina y el fregadero como espacios de hombres y mujeres  amos y amas de casa. Admiramos los hombres  que de vez en cuando se sienten tristes y dejan salir sus lágrimas. Queremos hombres  que entre abrazo y abrazo nos expresen la alegría de estar vivos y de haber coincidido en este breve espacio-tiempo.
En conclusión cada uno es cada quien, y lo que nos hace únicos es la combinación en proporciones distintas  de todos los dioses y diosas que nos habitan. En cada momento de nuestra vida o en cada precisa circunstancia unos cobrarán más vida que otros. Pero para que esto suceda  hay que liberar  esos magníficos personajes que viven dentro de nosotros y que han estado secuestrados por la cultura. Ellos, todos, en una relación respetuosa y dinámica  redimensionan nuestra vida y le dan variedad,  originalidad y plenitud.


sábado, 24 de agosto de 2013

Completando frases comunes, y las tuyas cuáles son??


Si no fuera porque en las calles ya no juegan niños y  en el conuco de Rafael ya no hay plátanos sino edificios, juraría segura que no han pasado 25 años. Qué rápido va todo afuera y qué lento transcurre todo dentro.

No es por nada  pero la última vez que paseé por la avenida que bordea el mar me sentía como una adolescente llena de preguntas y plena de satisfacciones.

Te advierto que no se puede hablar tanto, se queda uno enredado en una cadeneta de palabras que total no sirven para aclarar sino para colgarse.

Para que sepas,  cada día somos más, los que añoramos una vida auténtica, sana y tranquila y cada día somos más los que sucumbimos al stress, la competencia y la complicación.

Tengo el gusto de invitarte a tener un pequeño sueño cada día, así sea éste parte del gran sueño o simplemente un divertimento de ésos sencillos que hacen de cada día uno especial.

Señores y señoras, déjenme  decirles que de vez en cuando  uno ratifica que la vida es bella (no necesariamente bonita) , aunque no siempre estemos en condiciones de darnos cuenta.

No quisiera desilusionarlos, pero votar o no votar no cambia nada. 

Siento mucho informarles que me dijeron que soy sinvergüenza, solo porque cambio de opinión cuando se trata de nuevas oportunidades y esperanzas.

No es por dármela pero me precio de tener muy buenos amigos y amigas.

Modestia aparte  creo que mis amigas y amigos me aprecian y me quieren.

De una vez por todas quiero dejar de decir de una vez por todas, al fin y al cabo cada día viene con su afán, sus medidas y señales.

Sinceramente, comienzo a darme cuenta de lo mucho que he vivido y de lo que me falta.

Nunca es tarde para ensayar nuevos modos de hacer las cosas y nuevos roles para extendernos por la vida.

Le pido a Dios no tenerle miedo a los errores, siempre y cuando tenga  la capacidad para reconocerlos, así no dejaré pasar  tantas  oportunidades.

Vale la pena aventurarse, tener sueños, hacer planes, tener esperanzas (aunque no expectativas), inventar, amar, orar, trabajar…

 Te acompaño en tu sentimiento  aunque no lo comparto, si has dejado morir el romanticismo, si no  quieres aprender nada nuevo, si crees que lo sabes todo, si no sabes pedir perdón.

Ay! qué va, mijita  yo si no voy a caer en la trampa de recogerme, levantarme, desfigurarme, perder la elasticidad de mi sonrisa… bueno eso digo yo ahora…

Lo digo sin temor a equivocarme, todos los días sufrimos pequeñas muertes, pero en ellas está el germen de lo que ya está naciendo.

Excúsenme, pero los que quieran alborotar, disociar o ponerse de odiosos que se vayan con su música a  otra parte.

De ahora en adelante habrá más ahoras y menos adelantes.

Yo no sé si tú me entiendes pero hasta para gozar hay que coger lucha.

Yo le doy gracias a Dios por permitirme vivir, compartir,  reír, llorar, disfrutar, compadecerme y sobre todo amar,  después de todo esto es lo que uno deja y también lo único que uno se lleva.

Es más, voy a dejar esto hasta aquí para que usted complete los suyos.




sábado, 17 de agosto de 2013

El amor es la riqueza que nos rodea

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El amor más puro  promueve y hace el bien sin interés. El amor se alegra con la alegría y se compadece en la pena.  El amor de verdad es pensamiento y acción positiva a favor de la otra persona. El sentimiento no es suficiente para aquilatar el amor.
Sin embargo sabemos que el amor humano es limitado. Continuamente tiene que ser revisado por la persona que ama, ya que el ego suele hacer sus engaños, trastadas y  estragos. En el amor de padres a hijos el amor puede tergiversarse complaciendo en demasía las apetencias de los hijos, a veces como proyección de las propias necesidades; o confundirse con un excesivo apego y protección.
En la relación de pareja el mal amor se expresa con celos y deseos de posesión, lo cual podría conducir al maltrato psicológico y hasta físico. En la relación de amistad se puede confundir con la necesidad. Algunas pistas de si hay  amor presente en una acción o gesto, ya sea para advertirnos o para animarnos son : la hinchazón del ego en una buena acción es una alarma,  el bien que le reporta al otro nuestra acción es una señal, el esperar algo a cambio es una alarma, el dejar en libertad y estar dispuestos a seguir nuestro camino es una señal. Examinar la acción bajo estos criterios es iluminador.
Los expertos en estos temas dicen que tanto la felicidad como el amor y la creación pasan por el sufrimiento, es decir exigen encarar nuestras realidades. Me atrevo a afirmar que todo ser humano desde que nace tiene sufrimientos, (por desgracia unos más que otros y algunos hasta el extremo). Muchas veces el amor se gesta en la vivencia de los pequeños y/o grandes sufrimientos propios que saneados buscan comprender, liberarse y transmutarse en amor a los demás. Ahora bien quien no quiere sentir la herida del sufrimiento se cierra a la experiencia de amar.
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Las personas que abusan de los niños, sea con maltrato físico o con actos de seducción sexual, han sido heridos profundamente, ya sea por la cultura, por sus padres u otros adultos, han sido maltratados con faltas al amor, sin embargo se han quedado cerrados en su dolor. Este dolor enquistado y no procesado se convierte en odio o en una necesidad compulsiva imposible de satisfacer. Este dolor petrificado inflige a su vez otras heridas. Sanar la herida supone reconocerla y sentirla. “Quien no se quiere dejar herir, no podrá amar. El verdadero amor incluye la disposición a dejarse herir” (Anselm Grun). La ostra  convierte la herida en  una hermosa perla.

View la foto 5.JPG in slide showEl sacerdote  Maximilian Kolbe en un profundo acto de amor,  en el año 1941, en un campo de concentración nazi, tomó voluntariamente el lugar del judío Franciszek Gajowriczek quien había expresado deseo de vivir por sus hijos y esposa. El prisionero amado  murió en el 1995 y atestiguó toda la vida ese acto de amor extremo, así como el de Jesús, quien amó a los pobres, enfermos, niños, mujeres de su tiempo y les hizo el bien de forma manifiesta para cada uno de ellos.
“El amor es lo que da a nuestros días un significado profundo y es de lo que estamos hechos en realidad. El amor es la riqueza que nos rodea y está a nuestra disposición” (Elisabeth Kubler-Ross).  El amor humano se abre paso a través del egoísmo, las heridas y las imperfecciones humanas pero es la libertad humana quien le cierra el paso o lo deja pasar.