domingo, 16 de marzo de 2014

Un día de éstos

Una mañana de éstas aparece en el cielo una luna gigante que te ayuda a prescindir de la luz eléctrica y a dar un paseo por el jardín muy de madrugada sin tropezar. Escuchas  un pajarito cantor que te recuerda que vamos al encuentro del sol, aunque la noche todavía se muestre testaruda, pero las aves no se equivocan.
Una mañana de éstas te despiertas y te das cuenta que el sol nos encuentra más temprano  y que no tienes que encender  las luces para desayunar, aunque todavía sí para maquillarte;  que ya casi es el equinoccio de primavera y aunque te levantes a la misma hora que antes,  tienes la sensación de haber dormido un poco más. 
Una madrugada de éstas,  mientras el café sube, recoges los periódicos con la ilusión de  que en primera plana aparezca una evidencia de  zarpazo a la corrupción,  nuevos nombres para dirigir los destinos del país o una reseña de  homenaje a las dos juezas que se negaron a suscribir la sentencia ésa del tribunal constitucional. Las mañanas todavía están frescas y el pan caliente con mantequilla y café te insuflan energía. Entonces  te vas al trabajo mientras el sol se despereza con su fuerza acostumbrada. En esos instantes vuelves a darle gracias a Dios por esas nubes de colores, después que leíste en la prensa  que todavía por el norte sigue habiendo fríos extremos. 
Un día de éstos, mañana por ejemplo,  llegas a tu trabajo, con muchos buenos días, tantos que alcanzarían para sustituir a todos tus malos días. Te enteras de repente  que a tu amiga la asaltaron y  que la amatista que llevaba colgando en el cuello se la arrancaron, que el niño de tu amigo tiene bronquitis, que una compañera de trabajo se hará una abdominoplastía cueste lo que cueste, pero que no le cueste el marido. Otraamiga te cuenta que por fin le dieron la visa y que entonces  podrá ir al congreso, pero que la biopsia de su amigo dio positiva y comenzará quimoterapia. 
Cualquier día de éstos te encuentras en un semáforo con un viejo amigo que hace tiempo no ves y quedan para comer juntos. Y te llama tu hijo por teléfono para decirte que va a tocar en un concierto y tu otra hija en la otra línea dice que consiguió el trabajo que quería y entonces viene un Amet y te pega una multa por usar el celular mientras conduces. En vano le explicas los motivos de las llamadas.
Una de estas tardes  te subes en el techo de tu casa, en el cucurucho más alto, a contemplar y fotografiar atardeceres para aprender a despedirte sin tristeza, te das cuenta que cada atardecer conlleva el mismo proceso, pero los resultados son diferentes si de belleza se trata. Desde allá arriba  te imaginas viajando a toda velocidad sobre el planeta tierra y regresando al día siguiente al mismo sitio. 
Una de estas noches después de un día cualquiera optas por tocar la guitarra y aprender una canción nueva, no quieres ver la televisión, ni leer, ni corregir nada, solo cantarle a la vida, al amor y al desamor. “Alabanzas” de Silvio Rodríguez, esa es la canción de turno, dejas  salir algunas lágrimas  deformes que se desparraman por la cara y ratificas que “alabada sea la mano buena para remediar”, que “el dolor es lumbre de profundidad” y que “el que ayer te daba un beso ahora te trata de usted ” y que “yo no quiero aprender eso ni al derecho ni al revés”.
Un día de éstos te alegras a conciencia de estar viva, y de nuevo agradeces a Dios que te ofrece la posibilidad de imaginar,  reír, condolerte, admirarte, extrañar a los que  no están, seguir aprendiendo, sentir el apoyo de los amigos…En fin apreciar lo variopinta que es la vida y  la oportunidad de vivirla a cada instante.       


domingo, 9 de marzo de 2014

Mujer nueva, nueva relación de pareja



La entrega de la mujer a la familia y en especial al marido, se ha valorado a ultranza, no importa si es correspondida  o maltratada. La cultura en general y la religión en particular han prescrito a la mujer un rol de sumisión, sacrificio y entrega total. Con esta excusa y de generación en generación muchas mujeres han relegado su realización y desarrollo personal.  
En las últimas décadas las mujeres han tenido un rol social cada vez  más importante. La educación y la necesidad han despertado la conciencia de muchas mujeres que han iniciado un trabajo de conquista de sí mismas a través de muchas vías. El campo laboral es una de ellas, éste había sido hasta hace pocas décadas el santuario del reino masculino. 
Muchas mujeres exitosas laboralmente no dejan de lamentarse. Cuando llegan a casa, tienen que ocuparse de la cena y las tareas de los hijos, mientras los maridos se toman cómodamente un trago de  whisky  para relajarse. 
La mujer se ha educado más y mejor que antes. Se requieren de sus ingresos en la casa, pero su mentalidad no ha cambiado,  ni la de su marido tampoco. Ella  ha concebido su trabajo fuera de la casa como otro de sus deberes,  no como parte de un cambio social y sistémico dentro de la familia. 
Una mujer que labora fuera del hogar debe concebir una educación de los hijos que promueva más su autonomía y  responsabilidad en ciertas tareas que les son propias. Más difícil le será educar a su marido, aunque no imposible, para que se integre más a las labores educativas cotidianas y a ciertos deberes hogareños. Esto así, porque la educación que recibió ese varón de su madre y su padre,  lo excluyó de las sencillas pero abrumadoras tareas de la casa y de la familia. 
Somos las mujeres las llamadas a promover  los cambios, ya que somos nosotras las que percibimos y tenemos la necesidad. El cambio no es tan sencillo porque no se trata de uno tecnológico. Nos toca a todos, hombres y mujeres reaprender nuevos estilos de relacionarnos, desarrollar nuevas habilidades, intercambiar saberes, romper con estructuras de dominación, tener una mirada más inclusiva, aprender a comunicar sentimientos con naturalidad sin culpar ni culparnos.
 Esos cambios dan al traste con unos patrones aprendidos y valorados hasta ahora como buenos y válidos, pero que ya no funcionan más para la vida en pareja. Vivir con una pareja, compartir la vida con ésta no es ser propiedad de esa pareja. 
De manera que una vez más nos toca a las mujeres iniciar y promover uno de los cambios más revolucionarios en la historia de la humanidad: una nueva relación de pareja para la formación de un nuevo ser humano. Estar con ellos pero sin ser de ellos, para tomar decisiones libres y generosas, con amor y dignidad.       

Este proceso es lento, a veces doloroso. El primer paso nos toca a las mujeres  despidiendo el rol de las mujeres que vinieron antes y asumiendo uno nuevo con lo mejor que nos queda de ese legado. El segundo paso también nos toca a nosotras poniendo límites razonables al exceso de tareas nuestras que  le restan  capacidad de acción y decisión al resto de la familia. El tercer paso se trata de no responder a manipulaciones afectivas. Ya veremos como todo el sistema comienza a moverse y todos empezamos a crecer. No hay que darse por vencidas, ese es nuestro reto, crecer con ellos, para nuestro bien, el de nuestros hijos y el de la humanidad. 

domingo, 2 de marzo de 2014

Mi identidad es tan compleja como mi bandera

Soy dominicana, cibaeña, mocana. Me gusta el campo, las montañas, los árboles, las flores, las playas, la música,  los atardeceres,  los dulces criollos, las frutas, ciertas tradiciones, la generosidad de la gente. Siempre supe que había otros mundos, con otra gente que hablaba diferente y que tenía otras costumbres. Nunca me asusté por eso.  Desde pequeños hemos visto películas que narran historias de diversos lugares del mundo. A todas las ciudades de nuestro país han llegado españoles, libaneses, haitianos, cubanos, palestinos, chinos que han enriquecido con su cultura la vida de nuestro pueblo. 
 
Hasta mis tatarabuelos, que yo sepa , fueron dominicanos, así que nunca se me ha ocurrido que yo pudiera tener pasaporte de la Unión Europea. No  puedo pensar que yo sea otra cosa que dominicana. Ahora bien soy crítica de algunos valores y manifestaciones culturales dominicanas  que no comparto por diversas razones. A veces porque no me agradan, por ejemplo, algunas formas musicales, y otras veces porque me parecen atrasos de nuestra civilización. Entonces, podría ser que en alguna ocasión me sienta más afín con un suizo que  con un dominicano.

La identidad de una persona es mucho más que la pertenencia a una nación. La identidad está compuesta de innumerables características que se combinan de manera única, por eso cada persona es irrepetible  aunque en ocasiones actúe unida a otros por un mismo motivo, por ejemplo la pertenencia a un partido político o a un equipo de pelota. 

En la vida diaria no siento un ardor especial por ser dominicana. Todo lo contrario en la cotidianidad a veces deseo irme con una mochilita y “fundar” con mis seres queridos un paisito pequeño, donde podamos vivir en paz y con valores compartidos. Pero el sentimiento de fondo de ser dominicana es una irracionalidad que supera toda lógica.

Sin embargo, me parezco más a un joven chileno que conocí en Isla Negra que al político “ese” “aprovechao” dominicano que camina en su jeepeta por las mismas calles que yo con la mía. Me parezco más a una mujer inglesa que cuida su pequeño jardín que a una doña dominicana que vive en un lujoso apartamento en un 10mo. piso de la ciudad de Santo Domingo. Tengo gustos musicales más afines  con un anciano alemán, que con un bachatero dominicano. Puedo conversar más a gusto con un haitiano que espera su turno para hablar que con un dominicano que interrumpe continuamente.

La patria o la matria, es la que te cuida y vela por ti, por tu seguridad, por tus derechos, por la satisfacción de tus necesidades básicas. A nuestro país lo queremos a veces con lástima y por deber malentendido, o a veces con rabia, como quiere una hija a un padre que jamás se ha ocupado de ella y que ni siquiera su apellido le ha dado, pero hay que tener un padre, supuestamente eso ayuda al sentido de identidad. Si cada uno hiciera su examen de identidad vería que es muy compleja y que la nacionalidad es solo un componente que a veces le falta contenido real, por eso es más fácil decir lo que uno NO es, que lo que se es. 

La bandera es un elemento visible que representa una nación y la diferencia  de otras. Los colores se combinan en cada bandera de una forma única para cada país. Hay países más celosos que otros con su bandera y también con su himno. Personalmente soy ferviente apasionada de ambos símbolos nacionales y por suerte mi trabajo me ha permitido gozarlos. En la bandera que ondea veo nuestros mejores valores al viento, vividos en libertad desde el interior y sin imposiciones, la bandera como utopía de un ser dominicano solidario, de mentalidad universal, justo, honesto. El himno es un canto bravío, declaración de principios universales de libertad, fraternidad, igualdad, sus trompetas y trombones me animan y vigorizan.

Cuando mis hijos eran pequeños cantábamos el himno y poníamos una bandera en el balcón de la casa. Yo quería que ellos amaran su país frente a los intereses que se alzaban de mayor aprecio “per se” por otras manifestaciones culturales. Hasta que, en el año 1994 se usó la bandera nacional para estrujarle en la cara a Peña Gómez su pertenencia a otra nación. Le dije a mis hijos “esa no es nuestra bandera, la que nosotros izamos en las fiestas nacionales, esa es una bandera manipulada que no nos representa".

 Desde entonces no comparto ese rasgo de identidad que esgrime un grupo de dominicanos, quienes ponen la bandera al servicio de sus intereses, esa bandera no es mi bandera.  La mía no se deja atrapar en una ideología, la mía ondea, no yace estática en la pared, la mía representa una identidad que se construye y que se van transformando conforme vamos superando los prejuicios y haciéndonos seres más humanos. Esa es mi bandera la de “quien te viera, quien te viera, más arriba mucho más”.      


domingo, 23 de febrero de 2014

A menudo los hijos se nos parecen y viceversa

Al mirarnos en el espejo de nuestros hijos, ellos nos reflejan una imagen que nos recuerda nuestro ser más original. Es así como perdidos en los laberintos de los condicionamientos y compromisos, nuestros hijos se convierten en el hilo de Ariadna que nos guía hacia nosotros mismos, a nuestra esencia y ser más auténtico.
Cada hijo tiene en común con nosotros características muy nuestras. Al compartir con ellos nos damos cuenta de lo que guardamos en las entretelas del corazón y del olvido. Anne Morrow Lindbergh en su libro “El don del Mar”,  expone que cada niño anhela la relación única que alguna vez tuvo con su madre. Esta relación única a la que aspiramos se puede rescatar con cada hijo en pequeños periodos, días o semanas y en diferentes etapas de la vida. Con cada hijo sintonizamos en algún aspecto porque cada hijo se nos parece en algo. Así como gozamos y a veces sufrimos las semejanzas, honramos y celebramos las necesarias diferencias. En lo que a mí respecta, me recreo en,  y con las particularidades de cada hijo o hija.

Soy la tercera de siete hermanos, los dos que me anteceden son varones. De niña admiraba la independencia de los varones, sus juegos, excursiones. Compartía con ellos y sus amigos algunas de estas actividades, pero otras me estaban vedadas por mi condición de niña. Añoraba estar en su grupo sobre todo cuando salían de paseo al campo sin rumbo fijo. Algunos de los  juegos de niñas me aburrían un poco, aunque intentaba ponerles mi toque de aventura y creatividad.


Me siento muy honrada porque he sido invitada por mis dos hijos varones a un viaje que inicialmente fue planeado exclusivamente para ellos. Un viaje de aventura, imprevistos previstos, incomodidades gratificantes y así. Han programado su viaje a su medida e intereses y  me han asociado a su energía masculina. A la vez los percibo a ellos enchufados con mi sensibilidad e inclinación a perseguir la belleza. De forma que entre la búsqueda de lo inesperado, y también de la belleza presente en la naturaleza, haremos un buen trío. 
Hace un tiempo mi hijo mayor me invitó a una excursión para hacer unas fotos a aves migratorias y otros animales. Desarrollamos una sintonía perfecta: nos levantábamos oscuro de madrugada con una gran celeridad para esperar el amanecer junto a un lago; nos regocijamos observando las diversas especies de aves; desayunamos en el carro detenidos en un camino y al mediodía disfrutamos de una cerveza de estación; hasta entrada la noche permanecíamos en el parque esperando la salida de los búhos a su caza habitual.
Mi tercer hijo también es varón, con él   disfruté  un inolvidable viaje a Bahía de las Aguilas y al Hoyo de Pelempito.  Mi hijo y yo nos arreglamos sin palabras y sin reglas para hacer las cosas que ambos nos gustaban. Desde la música que llevábamos en el carro, las paradas que haríamos, la comida, los lugares a visitar. Cuántas cosas conversamos. Nos detuvimos a reírnos de unos burritos teñidos de rojo por  tanto revolcarse en esa tierra sureña, a contemplar las mariposas amarillas cual Mauricio Babilonia, bebiendo de los charcos de agua. En la playa jugamos con unos  peces que cuando son molestados se inflan y se llenan de espinas punzantes.

Con mi hija mayor hago conexiones extrasensoriales, aun en la lejanía ella y yo permanecemos en contacto. Yo la llamo cuando ella casi me iba a llamar y viceversa. Ella confía en mí y yo  en ella. Aun en ciudades grandes cuando yo me le pierdo por andar distraída, ella me encuentra. Nuestras conversaciones son francas y a la vez respetuosas. El amor por la música ha marcado un compás entre nosotras. Su paciencia y sensatez me invita a la propia.



Mi hija menor y yo caminamos al mismo ritmo, nos arreglamos para agradarnos la una a la otra, para detenernos o avanzar, nos complacemos mutuamente. Cocinamos e inventamos, nos reímos, ella resuelve cosas que yo no puedo. Cuando necesitamos cariño nos abrazamos, nos gustan los mimos y los gatos. Nos aliamos fácilmente en las protestas sociales y en las conquistas por los derechos.   
A la vez nosotros padres al propiciar esta conexión con nuestros hijos estamos valorando su individualidad y a la vez estamos vinculándonos  con nuestros propios padres. Carola Castillo, especialista en constelaciones familiares, dice que los hijos adultos independientes no hacen lo que sus padres quieren, ni tampoco hacen lo contrario, no esperan que sus padres cambien, ni rompen el vínculo con ellos. Sencillamente, los adultos independientes nos sentimos  agradecidos por la vida que nuestros padres nos dieron, a la vez que pasamos esa misma energía a nuestros hijos, que se nos parecen, pero que por suerte nos trascienden.  



domingo, 16 de febrero de 2014

Acerca de "Los sueños" de Kurosawa

Los sueños son el tesoro de nuestro ser inconsciente y ponen de manifiesto una vida “nocturna”  llena de símbolos que tiene relación con la vida “diurna”. Los sueños  representan nuestros temores y  deseos más íntimos. Carl Jung, estudioso de los sueños decía que los sueños reflejaban el inconsciente personal y también el colectivo.  Aunque los arquetipos son universales, en los sueños se traducen  en símbolos personales y  culturales.

Recientemente  vi  la película “Sueños” del japonés  Akira Kurosawa, en la cual  relata ocho sueños. Estos son arquetípicos en la medida que corresponden a etapas evolutivas del ser humano y a grandes cuestiones humanas que nos asaltan y preocupan.Cualquier persona de su sensibilidad, de su cultura y de su época hubiera podido tener sueños similares. Es más, en otras latitudes también hemos soñado historias similares con símbolos de nuestra  cultura.

En los dos primeros sueños nos enfrentamos  como  niños al tabú  y  a las cargas hereditarias  de nuestros ancestros. En el primero, un niño (quizá el mismo Kurosawa) enfrenta uno de los mitos de su cultura y por eso se expone a morir. Al asumir valientemente el reto se encuentra con un campo de flores y un arcoíris liberador. El niño del segundo sueño tiene que enfrentar con lágrimas los fantasmas de unos árboles de duraznos que han sido talados por sus antepasados. La prueba de autenticidad de la conmoción del niño es cuando expresa frente a los fantasmas: yo puedo comprar un durazno, pero no puedo comprar la visión de  todos los árboles florecidos. Renace entonces la esperanza de que ese niño pueda recomenzar lo que sus padres han estropeado.

El tercer sueño  narra, a mi juicio, las luchas que estamos a punto de dejar justo cuando nos encontramos a la puerta de una solución. El cuarto sueño es el encuentro de un joven con Van Gogh y su  arte, que seduce, perturba  y  enriquece.  Van Gogh enloquecido le dice que la belleza es tal que se encuentra perdido  dentro de ella.Los  quinto, sexto y séptimo sueños son apocalípticos: la guerra, la destrucción, las mutaciones fruto de las explosiones nucleares  que amenazan con desnaturalizar  al ser humano.

El octavo y último sueño narrado, tal y como sucede en el último movimiento de la Pastoral de Beethoven, es un canto de esperanza y gratitud. Hay un clamor por volver a la naturaleza, de la cual somos parte. El joven encuentra un anciano trabajando en al amarre de la rueda de un molino. El anciano dice que los científicos, con todo su intelecto, no han comprendido el corazón de la naturaleza. Este último sueño es representado por  unos molinos de agua, flores, quietud, trabajo acompasado, celebración de la muerte como culminación de una larga vida.  


 Reconstruir nuestros sueños es de gran riqueza para el conocimiento propio y compartirlos nos hace conscientes de cuánto tenemos en común con otros seres humanos.
   


domingo, 9 de febrero de 2014

El eterno presente o la agonía de la conciencia



En los últimos tiempos el péndulo de las teorías sobre el buen vivir se encuentra en el presente. ¿Quién puede  negar que el presente es la única oportunidad que tenemos para vivir? El pasado ya pasó y el futuro todavía no existe. 
Para aquellas  personas que viven apegadas al pasado, apesadumbradas o cargando culpas, el mejor consejo es “viva su presente”. Para las que viven  ansiosas y temerosas por el futuro, le sugerimos  “vive aquí y ahora”.
Ahora bien, el presente es vivido por un ser humano. Un ser humano con conciencia de sí mismo, que naturalmente busca el sentido de su vida y que lucha por encontrarlo en medio de la fragmentación que nos amenaza. Nadie se baña dos veces en el mismo río postulaba Heráclito. Así es, las aguas de esos “ríos” son nuevas y te renuevan,  pero la experiencia es registrada en una misma conciencia,  en continua evolución. 
Sin conciencia no importa la memoria, sin memoria nos repetimos  como un disco rayado y volvemos a empezar  cada minuto sin posibilidad de construcción y crecimiento a lo alto y hondo de la conciencia. Dijo Unamuno que “la memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo”. En la película francesa “Un compromiso muy largo”, una joven busca su prometido después de la primera guerra mundial. Él había perdido la memoria y con ella la conciencia de la relación. Por suerte una chispa de conciencia  logra conectarlos de nuevo y devolverle a ella la esperanza de la reconstrucción  de la relación.
 El constante presente como absoluto y filosofía de vida, es como una pérdida de memoria; forma  parte de la cultura de lo desechable. Se usa el presente y se bota y de paso las personas, sus corazones y sus intelectos. Más tarde o más temprano el mismo ser humano reclama sentido, porque somos cuerpo y espíritu indisoluble. El sentido no emerge de los momentos fragmentados sino que se teje a lo largo y ancho de la vida, claro está, en progresos y retrocesos.
La conciencia, que es  saber profundo se forja viviendo despiertos, rememorando, haciendo asociaciones, redimensionando y también simplificando. La conciencia puede ser liberadora según Eric Fromm, si con ella somos capaces de liberarnos de las cadenas del engaño. Una de la razones de hacer del presente un absoluto es la incapacidad de lidiar con este mundo de trampas. Se nos perdió el hilo de Ariadna y ya no encontramos la salida del laberinto. Se  cayeron nuestros dioses de barro, políticos, religiosos, afectivos… La alternativa no es escaparnos en el minuto que se escapa. La opción, dice Fromm es aumentar nuestra percepción de la realidad para ser más independientes y encontrar el equilibrio dentro de nosotros mismos. 
Ciertamente el presente es lo único de que disponemos, vivirlo con todos los sentidos y  a conciencia es un imperativo. No obstante, imaginémonos  viviendo el presente  a ultranza: ya que el futuro no existe, qué importan las consecuencias de nuestros actos, la satisfacción de los deseos y las necesidades momentáneas es lo único que cuenta, volver la mirada sobre lo que pasó no tiene sentido. De esta forma no hay posibilidad de construir  proyectos éticos entre seres humanos. El sentido de la vida desfallece y el escepticismo pasa por  el cinismo y se disfraza de trivialidad.
 La vida es continua y mutante a la vez. Amanece,  atardece y anochece.  Somos temporales con aspiraciones de infinitud. Ni la temporalidad ni la infinitud las podemos negar. Más bien, vivamos a plenitud el presente, con la conciencia triple de redimensionar el pasado, enriquecer el presente y proyectarlo al futuro.     


domingo, 2 de febrero de 2014

La Oda a la Claridad de Pablo Neruda

Esta oda es una de mis favoritas, como amante de lo natural me siento identificada con cada verso. Habla el poeta al inicio en primera persona y luego habla la claridad como fenómeno humanizado y se confunde con el poeta, o el poeta con ella, en ese afán sempiterno de apostar por el amor y la alegría. Quizá eso es lo que me conmueve. El amor que como la claridad se abre paso para iluminar las sombras. La claridad delante que hace aparecer la sombra detrás, o la claridad detrás que alumbra el camino y que también proyecta sombras. En ambos casos, la claridad que trae alegría, porque abre senderos de conocimiento al exterior o al interior de nosotros mismos.El amor siempre presente en el camino, el amor a todas la criaturas que la claridad deja ver. La claridad que se abre paso y dignifica. Es pretencioso de parte del poeta convertirse en claridad, pero sus versos iluminan realidades y despiertan sentimientos. 

Somos optimistas para contrarrestar el pesimismo, tenemos fe porque no lo entendemos todo. Entre la belleza y el sinsentido escojo la primera, entre el amor y el miedo me quedo con el amor.Entre la libertad y la dependencia apuesto por la libertad.Entre la luz y la obscuridad, prefiero la luz aunque haga sombras. Reivindico la claridad de estas palabras para fortalecerme serena y suavemente,  sin aspavientos ni fanatismos. Reivindico la claridad de que solo el amor iguala a los desiguales. Reivindico la utopía de caminar con otros dando y recibiendo, sin obligaciones pero con la generosidad que  cultiva el amor.



ODA A LA CLARIDAD  (Pablo Neruda)
 
   La tempestad dejó 
   sobre la hierba 
   hilos de pino, agujas, 
   y el sol en la cola del viento. 
   Un azul dirigido 
   llena el mundo. 
 
   Oh día pleno, 
   oh fruto 
   del espacio, 
  mi cuerpo es una copa 
  en que la luz y el aire 
  caen como cascadas. 
  Toco 
  el agua marina. 
  Sabor 
  de fuego verde, 
  de beso ancho y amargo 
  tienen las nuevas olas 
  de este día. 
  Tejen su trama de oro 
  las cigarras 
  en la altura sonora. 
  La boca de la vida 
  besa mi boca. 
 
  Vivo, 
  amo 
  y soy amado. 
  Recibo 
  en mi ser cuanto existe. 
  Estoy sentado 
  en una piedra: 
  en ella 
  tocan 
  las aguas y las silabas 
  de la selva, 
  la claridad sombría 
  del manantial que llega 
  a visitarme. 
  Toco 
  el tronco de cedro 
  cuyas arrugas me hablan 
  del tiempo y de la tierra. 
  Marcho 
  y voy con los ríos 
  cantando 
  con los ríos, 
  ancho, fresco y aéreo 
  en este nuevo día, 
  y lo recibo, 
  siento 
  cómo 
  entra en mi pecho, mira con mis ojos. 
  Yo soy 
  yo soy el día, 
  soy 
  la luz. 
  Por eso 
  tengo 
  deberes de mañana, 
  trabajos de mediodía. 
  Debo 
  andar 
  con el viento y el agua, 
  abrir ventanas, 
  echar abajo puertas, 
  romper muros, 
  iluminar rincones. 

  No puedo 
  quedarme sentado. 
  Hasta luego. 
  Mañana 
  nos veremos. 
  Hoy tengo muchas 
  batallas que vencer. 
  Hoy tengo muchas sombras 
  que herir y terminar. 
  Hoy no puedo 
  estar contigo, debo 
  cumplir mi obligación 
  de luz: 
  ir y venir por las calles, 
  las casas y los hombres 
  destruyendo 
  la oscuridad. Yo debo 
  repartirme 
  hasta que todo sea día, 
  hasta que todo sea claridad 
  y alegría en la tierra.